sábado, 12 de noviembre de 2016

SOBRE NUESTRA SUPERVIVENCIA COLECTIVA



Noviembre del 2016


¿Usted cree que las futuras dictaduras serán militares? 
No, señor. El militar no vale nada junto al industrial. Puede ser instrumento de él, nada más. 
Eso es todo. Los futuros dictadores serán reyes del petróleo, del acero, del trigo. 
Nosotros, con nuestra sociedad, prepararemos ese ambiente. 
Familiarizaremos a la gente con nuestras teorías. 
Para eso hace falta un estudio detenido de propaganda". 

"Los siete locos", Roberto Arlt, 1929.


Distopía en la restauración conservadora


Me he propuesto asumir un lugar en el relato político social de nuestra región Abya Yala, a nombre de sus genuinos habitantes.

Durante todo este tiempo he cultivado el enfoque de nuestros conflictos desde la perspectiva de la Ecología Social, una rama nueva del conocimiento colectivo orientada a combinar aspectos determinados por los fenómenos naturales en conjunción con aquellas intervenciones que aporta el programa civilizatorio, observados como un solo fenómeno histórico.

Así conjugo rápida y casi intuitivamente aspectos propios de la observación de comunidades biológicas complejas, a lo que a mi entender sería una de las claves interpretativas de la economía política actual, menos consideradas. De esta manera encuentro necesario poner atención sobre tres objetivos de observación principales. Ellos son: Los alimentos, la población y la energía. Tres configuraciones cuya total desadaptación los coloca en el centro de la crisis del programa civilizatorio en curso de ejecución.

Cualquier observación de una comunidad biológica dada, estará inexorablemente sujeta a dos condicionantes principales de su conducta: La nutrición y la reproducción. En etología no hay muchas más condicionantes constitutivas de la conducta animal que debamos equiparar en relevancia a ellas, de modo que en cuanto a los aspectos colectivos e inconscientes que cualquier comunidad humana posee, podemos decir que tanto una como la otra conservarán un considerable peso en lo que ha de conformar la composición de la condición de bienestar de las comunidades humanas actuales, sea cual fuera la estructura organizativa que posean.

Para el caso de la energía deduzco sencillamente, cual es la fuente real que motoriza todo programa político económico y lo traslada al plano de la realización concreta. Desde ya que no puede ser la moneda, el trabajo, o la fe como parecerían señalar los sistemas religiosos o racionalistas que parece profesar aún el occidente judeo cristiano. Sino que por el contrario es sencillamente el hallazgo de fuentes de energía baratas y abundantes, lo que impulsa toda esta era a la que muchos identifican con el desarrollo moderno.

No existe retraso mental alguno en el hombre del pasado, ni son las razas occidentales superiores a las demás en ningún plano de observación. Por el contrario la civilización moderna embrutece, debilita y enferma a sus mentores con la misma fluída cotideanidad que los predadores naturales capturan sus presas y los convierte en sus cautivos. .

Así fuimos consolidando nuestra doctrina, de una forma simultánea a la ocurrencia de los hechos validados por el relato colectivo, o bien verificando su causalidad por medio de la técnica científica, aportada ya por el testimonio de numerosos facultativos que espontánea y desinteresadamente se fueron sumando y congregando a la par que la propaganda continuó creciendo. Así también fuimos integrándonos a grupos de opinión de diverso origen y composición que adherían a esta naciente casuística, y con ellos fuimos conformando entonces una nueva corriente de opinión, ni inspirada por la ciencia, ni por la religión; sino por la observación directa y la denuncia colectiva en contra de un modelo económico aberrante a todos los valores históricos que han hecho de este bello animal que fuimos la especie dominante de nuestro armónico planeta. Una reafirmación impensada de la identidad humana sobre su historia de adaptación a estos sagrados territorios que desata entonces un nuevo conflicto social entre los excluidos y damnificados por esta verdadera usurpación del espacio biológico habitable y todos los intereses involucrados en el bienestar de sus comunidades políticas.

De esta forma nos fuimos reconociendo parte integrante de variedad de colectivos aunados por la necesidad de resistir la ostensible expansión de un adversario común, sin que haya mediado convocatoria formal previa, o marco lógico anterior a los hechos que la provocaran. Así comenzamos a reconocernos como genuinos integrantes de numerosos movimientos sociales.

Es así entonces como coincidimos con Pueblos Originarios, Campesinos y ambientalistas, de muy diverso origen y pertenencia, con quienes acudimos a formular un nuevo relato emergente y a postularlo en numerosos foros y asambleas inicialmente de trascendencia local pero que hoy componen numerosas organizaciones de carácter ya federativo con proyección regional y como todos podemos corroborar hoy, de una determinante influencia como formadores de opinión a escala planetaria.

Pero la caracterización de los conflictos, si bien representa un indicador valioso del grado de deterioro de una conducta dada, no revela por sí mismo de una manera perceptible, la razón que los respalda, ni atribuye responsabilidades, ni repara tampoco el daño acaecido; por lo que habrá que remitirse entonces a la reconstrucción analítica de los episodios que se conjuguen como nocivos, para poder recién entonces alcanzar a caracterizar a una conducta colectiva, como a un típico delito social, moral o jurídico para así entonces salir a combatirlo con las herramientas más adecuadas.

Y más aún, cuando quienes forman estas nocivas voluntades parten de sectores pertenecientes a factores de poder concentrado política, económicamente capaces de revertir o enmascarar las demandas emergentes, corrompiendo el tejido social que hubiera podido acudir a repararlas.

De esta manera culmino infiriendo que concurren tan diversas fuerzas programáticas y complejas en la caracterización de las nuevas metodologías de intervención territorial por parte del gran capital trasnacional concentrado, que bajo ninguna duda podemos afirmar que ha existido una sofisticada premeditación, que ha involucrado con selectiva antelación a muchas de nuestras estructuras de poder estatal en las que hoy depositamos nuestra confianza. Bancos, multinacionales y nuevas formas de la represión de Estado; se han conjugado operativamente en dispositivos complejos que no solamente comprometen la forma directa de acción enunciada, sino que alcanzan ahora a vulnerar a jueces, universidades y medios de masas, interviniendo sobre toda estructura formal de percepción de la verdad, que pueda poner en peligro el relato del modelo en actual curso de ejecución.


El extractivismo, la etapa superior del monetarismo.

En la actualidad los periodistas militantes
son más peligrosos que los militares de la dictadura.

Gustavo Grobocopatel
(Rey de la soja)

A medida que crecía el siglo se fue caracterizando entonces, el desacople entre el relato ofrecido como modelo de desarrollo, y las genuinas apetencias de progreso buscadas como propósito natural de las masas. Y viendo así como se sintetizaban las ideas fuerza claves de la propaganda política dominante sin ningún sentido de verdad; un análisis comenzó a sobresalir al vertiginoso ritmo que avanzaban las propuestas de inversión financiera internacional sobre nuestro suelo: las “commodities”. Un modelo de intervención territorial completamente subordinado a la obtención de renta financiera, sin ningún reparo por los genuinos intereses del poblador histórico. Un despilfarro obsceno del capital natural de los países periféricos a cuenta del bienestar de las empresas a las que la mano mágica del mercado consagró tanto como para someter a la gente a puñetazos, con el sólo propósito de inhibir a nuestros pueblos de acceso a nuestros más elementales Bienes Comunes. Así prolifera todo tipo de agresión a nuestra integridad territorial como un intento sistemático de alejar a nuestras genuinas culturas de toda capacidad de continuidad histórica, envenenando el agua en sus fuentes, fracturando las napas freáticas en los desiertos, apropiándose de la ruralidad y del suelo; y hasta sometiendo a un irresponsable saqueo nuestras cuencas pesqueras.

Una descapitalización de activos naturales flagrante que despiadadamente escaló además magnitudes monopólicas en sectores extractivos de recursos no renovables, con inmenso impacto sobre nuestras reservas minerales y de combustibles fósiles. Un creciente pasivo ambiental con una profunda huella en el inventario de agua, bosques, pesca y suelos, por no abundar ahora en ya descritos detalles.

Entretanto, la emisión irrestricta del Euro y el Dollar como monedas de referencia impuestas en toda nuestra región determinan la expansión de estas mismas multinacionales, las que inmediatamente señalarán los sectores objetivo a intervenir: La megaminería, el sector energético y rural principalmente. Los alimentos, la población y la energía.

Es así que interpretamos tempranamente, el aborregamiento de un público adicto a una falsa forma de desarrollo, simplemente anticipando el resultado del despliegue de tales intervenciones territoriales y comparándolas con las metas sociales y ambientales que dignamente se llevan adelante en múltiples escenarios de todo el orbe, y que desde ya tienen por meta lograr un sustancial mejoramiento del bienestar humano y que buscan alcanzar más biomasa, diversidad biológica e interacción cultural como base fundacional de un nuevo entendimiento con nuestra madre naturaleza. Y que desde ya contradicen diametralmente la perspectiva de futuro ofrecida desde estos centros de poder cuyas crisis en adelante son compensadas por nuestro empobrecimiento directo con la sola molestia previa de remitir moneda electrónica dentro del holding extractivista, trayéndonos como resultado un masivo empobrecimiento de nuestra población residente.

De esta forma pudimos corroborar en carne propia y ante la azorada mirada de todas nuestras comunidades afectadas, como el criterio de progreso se cernía como un estigma sobre el programa de bienestar propuesto por la más elemental lógica y era impuesta una nueva lógica a la ocupación territorial histórica en aras de una nueva composición de intereses ajenos, y en absoluta contradicción con los genuinos intereses encarnados por la presencia histórica del habitante natural. Nuestro sujeto político. 


Biopolítica. El discurso político de la elite.  


El ecocidio en actual curso de expansión, es impronunciable como discurso político social. Su trama se basa en los peores recuerdos que la humanidad guarda en materia de ideología política. Propicia un postulado originado en la necesidad de expansión territorial, fundado en la superioridad de unas determinadas poblaciones sobre otras y el poder de la intervención humana para eliminar a los grupos seleccionadas como objetivo. Su herramienta es la la propaganda científica, su meta la extracción de una elite de elegidos para su propósito sectario, y su metodología de construcción social es la subordinación de todas las expresiones de autoridad que no les sean adictas, ya sea por descrédito, sustitución o la más elemental eliminación del rival. El actual programa bio político es simple y sencillamente, la continuidad del nazismo europeo por otros medios. Incluso muchos de sus actores económicos son la continuidad de sus fábricas, y hasta sus bases científicas y patentes siguen formando la base del paquete de intervenciones bio tecnológicas que en la actualidad se emplean indiscriminadamente en le campo par poner fin a toda forma de vida ajena a sus intereses económicos. Los agrotóxicos no son entonces productos que manejar con responsabilidad porque pueden ocacionar efectos no deseados. Son elaboraciones específicas para borrar completamente ramas completas de la biodiversidad que defendemos ahora. Fungicidas, herbicidas, insecticidas está aquí para eliminar la vida de nuestro suelo en todas sus más mínimas formas.

Gracias a la exportación hacia la periferia de este modelo de exterminio de la flora, la fauna y ulteriormente del suelo, muchos países desde los que se avalan estos programas de intervención, aplican en sus propios escenarios domésticos la contra cara de este discurso falsamente disfrazado de progresismo. Principalmente en los miembros del Commonwelth se observan el crecimiento del bosque nativo, la pesca de mar y la disponibilidad de excedentes de fauna mayor incluso como para alentar la caza deportiva. Mientras que en sus colonias la hecatombe eco social se expande al ritmo de sus prósperas inversiones.

Para nuestros pueblos la meta de la que aguardar prosperidad no puede ser otra que aquella que promueva la masiva expansión de la vida en su único estado posible: La libertad de las especies originarias. Las únicas aptas para promover el desarrollo de nuestras culturas. Más biomasa, diversidad e interacción humana genuina y ordenada es la meta a alentar entonces como “progreso”, si deseamos alcanzar el “Buen Vivir” que aún profesan nuestros ancianos.


El mundial declive de reservas energéticas

En cuanto a la mendacidad del discurso político dominante, otro ejemplo francamente aterrador lo representa el despiadado estímulo al consumo de energía. No existe posibilidad de estimular al mundo a consumir otra energía que no fuera la más barata disponible, si se tiene como meta el combate de la pobreza, de modo que hablar de energías no basadas en la extracción de recursos naturales, es por ahora una forma indirecta de promover la concentración del nivel de vida deseable, en una elite. Las represas. Los paneles solares y generadores eólicos, son todos hijos de la era industrial; y su aplicación está industrialmente basada en el empleo de energías fósiles.

El hallazgo de reservas fósiles (gas, carbón o petróleo), decrece desde los años '60, su extracción desde los años '80 y actualmente decrece el consumo desde mediados de la primera década del siglo. Ahora mismo estamos inmersos en la mayor crisis que haya atravesado la especie humana desde tiempos históricos. Un marcado declive de la disponibilidad de energía con la que alumbrar otro siglo del programa civilizatorio en curso está en debate, y aún la solución no aparece. 


La renovada explotación de las masas


Sino fuera por la sobrepoblación, el colonialismo sería algo incluso pintoresco. Veríamos pasar cada tanto algún escuálido europeo fatigado por el calor y los mosquitos buscando algo que robar a algún incauto que crea en el valor de su moneda de papel.

La superpoblación es desde sus comienzos, una meta colonialista amañada a la primera revolución industrial, período en el que sobraban recursos y faltaban operarios. Así China e India comienzan tempranamente su periplo hacia la condición actual como primitivas factorías de la explotación humana.

Nuestra región se hizo tempranamente inmune gracias la fertil expansión de nuestro programa emancipatorio. Haití, una verdadera fábrica humana de esclavitud, encendió tempranamente la mecha del reguero de pólvora que nos resguardó del azote de esta forma moderna de cautiverio económico. Simultáneamente, el modelo de expansión territorial que acuñara la conquista española tenía una trágica predilección por la producción primaria, lo que desde un principio impulsó la merma de nuestros planteles poblacionales, en directo beneficio de su más exitosa unidad económica la reducción, la plantación y la encomienda; o más tardíamente la misión y la estancia.

La Comunicación social, cautiva de la magnitud industrial de las masas, no hoza asomar a la realidad, ni aplicar siquiera criterio de verdad alguno a los contenidos impuestos por todo este complejo andamiaje del control social, como en las peores fantasías orwelianas.


El habitante natural como meta histórica 


Pero la condición natural de nuestra población no fue nunca depuesta completamente. Hoy dan sana muestra de digna pervivencia en exclusivo contacto con la naturaleza, numerosos pueblos nativos de todo nuestro amado Continete. Subsisten culturas a todo lo largo de su maravilloso recorrido. Naciones originarias que incluso en muchos casos conservan autoridad, creencias y hasta un lenguaje aún bajo el total sometimiento político y económico al que los sujeta el Estado moderno. Territorios sagrados donde tampoco se ha podido corroborar progreso alguno en la estéril deposición de su rica flora, ni tampoco en la deposición de sus mega diversas formas de vida nativa. Nada se ha ganado frente a la mirada de la historia con devastar los cerros, envenar las aguas de los ríos y con desertificar los suelos. Pueblos a los que en Europa nunca pudieron igualar en libertad, ni con las más racionales fuentes de inspiración dogmática, palpitan hoy en el interior de nuestras modestas democracias sudamericanas.

Es así como no alcanzan las categorías políticas occidentalizadas ahora a asistir de razón a nuestras causas populares, sencillamente porque no corroboran conducirnos a ninguna meta loable que reconocer como objetivo colectivo. Nuestro tiempo es ahora, cuando la mezquindad y rivalidad por la sed de recursos reales ahoga a las economías centrales con fracasos y restricciones.

Nuestro modelo entonces es la vida y su facultad metabólica de acumular energía de manera infinita. Bregar por su masiva extensión territorial, su compleja diversidad de formas y especialidades, sea nuestra meta. El sagrado aprendizaje inherente a cada forma de conducta irracional que trasmiten las manadas a lo largo de generaciones. Millones de años de experiencia en el corazón y la mente de nuestra Madre Tierra, de la que también somos parte de una manera tan inconsciente como inevitable. El espacio que nos honra, el nicho ecológico de nuestra especie y la dignidad de la tarea con que nos honra el lugar que la humanidad el espacio natural al que desde siempre pertenecemos. 

Arturo Avellaneda



PERMAHABITANTE 2016