jueves, 1 de agosto de 2013

Descolonizándonos


Nuestra emancipación como meta colectiva hacía varias décadas que permanecía dormida. Un contexto opresivo tomó dominio anticipadamente de todas las fuentes de referencia social de una manera tan simpática como perversa. Los medios de masas, la educación, la comunidad científica incluso han sido domesticadas en cierto sentido por un programa civilizatorio que no ha dado lugar a otras fuerzas sociales otrora emergentes y naturalmente en saludable pugna, hoy ya casi completamente amancebadas. 

Nuestra historia reciente está minada de ejemplos represivos, no sólo en persecución del ejercicio de la libertad de opinión más ingenuo; sino que más específicamente en el terreno de las luchas y reivindicaciones de los sectores desfavorecidos por este mismo programa al que genéricamente definimos como el "Estado de Bienestar" y que comprende en lo académico al desarrollismo, en lo cotidiano a la sociedad de consumo y en el terreno de la comunicación social a esta maquinaria industrial de la imbecilización que no sabemos como detener ahora.

Es por este motivo que una revista auto organizada representa entonces un dispositivo de invalorable referencia toda vez que su contenido tienda a elaborar otra forma de contacto abierto y recíproco entre nosotros mismos como simples y sencillos habitantes de su suelo nativo.

Parte del Arte

En este contexto, han surgido recientemente numerosos ejemplos de encomiable insurgencia notablemente simultáneos e inconexos entre sí pero visiblemente extendidos a lo largo de todo nuestro continente, denotando así la habilidad de nuestros captores para implementar sus políticas de opresión y saqueo sin ser percibidos por nuestro sistema político tan "trasparente y democrático".

Han emprendido con incomparable pericia un programa de apropiación de todas las formas precursoras de bienestar que pudieran ser libremente aprovechadas sin rendir tributo al sistema dominante. Vienen a apoderarse de nuestros cerros por la minería, de nuestras napas de agua, de las semillas, bosques y pesquerías antes infinitamente disponibles para quien deseara obtener provecho de ellas. Vienen entonces por nosotros y nuestra facultad de ser libres. Vienen a quitarnos la capacidad de ser felices sin antes pasar por la condición de ser autorizados por cada bendito paso que nuestro opresor quiera interponer entonces entre nuestros deseos y sus matrices de falsa satisfacción tan conformadas bancaria e institucionalmente.

Parte del arte será entonces encontrarnos y reconocernos para elaborar juntos metas colectivas que nos libren de dichas condiciones y que lo hagamos además lo más pronto posible, mientras las fuerzas que la naturaleza encierra para nosotros permanezcan aún con vida.

Nuestra propuesta no es entonces en contra de nadie, sino en favor de todos. Porque somos parte del sistema viviente y de esa habilidad de adaptarnos y mantenernos con vida devienen todas nuestras facultades biológicas, hoy aparentemente relegadas, pero indudablemente latentes para nosotros como cualidades útiles aptas para ser usadas tan pronto como nos volvieran a hacer falta.

Este es el arte entonces, el de ser parte de esta experiencia de contacto en comunicación social como movimiento alternativo al destino que tan torpemente se nos impone como insuperable. Una convocatoria a recobrar el sentido de marcha que nos fuera arrebatado por quienes soñaron adueñarse de nuestro destino como genuinos habitantes de este espacio tiempo que nos toca activar ahora.

Por Arturo Avellaneda

Revista HABITANTES