miércoles, 13 de marzo de 2013

Aurelio Díaz Tekpankalli, jefe de jefes de las naciones indias en Libertad



Aurelio DíazTekpankalli, es escuchado atentamente por sus seguidoras.

A la casa de una familia libertense llegó el fin de semana pasado Aurelio Díaz Tekpankalli. Quién es, se preguntará usted al igual que este cronista, por completo desconocedor de su nombre y su historia. Pues es un mejicano que es designado como el “Jefe de Jefes” de las naciones indígenas del norte de América y fundador del “Fuego Sagrado de Itzachilatlan”, además de corredactor de la Declaración Universal de los Pueblos Indígenas, promovida desde el año 1993 y aprobada por la ONU hace unos cuatro años. Entre el misticismo y la defensa de los pueblos indígenas este hombre y su círculo de seguidores recorre América difundiendo su pensamiento, que tiene en la vuelta a la naturaleza su más importante fundamento.

Sentados en el suelo o en bancos, un grupo de seguidores, principalmente mujeres, siguen con atención y en absoluto silencio la entrevista que La Semana mantuvo con este místico de hablar suave y pausado, que desgrana sus ideas casi en un monólogo interrumpido apenas por las pocas palabras que el entrevistador emite intentando conocer algo de lo que Tekpankalli piensa. Lo que sigue es solo un resumen de una charla de casi una hora. Esperemos que sea suficiente para que el lector se pueda hacer una idea general de su pensamiento.

ENTREVISTA La Semana:

¿Cuál es su relación con Uruguay?

Aurelio Díaz Tekpankalli: En 1993 estando en Bolivia, un amigo me dijo que viniera por acá pues de los indios se había acabado todo, que no quedaba nada y por eso quería que viniera para celebrar las ceremonias indígenas y activar la memoria. Comenzamos a hacer una ceremonia y ya de ahí se encaminó todo por el pensamiento de recuperar y tener en custodia un pedazo de tierra y llevar a cabo la búsqueda de visión. En aquellos tiempos yo pedí a un grupo que se comprometiera y que pusiera para que se hiciera realidad, se juntaron y consiguieron como 30 y tantas hectáreas y ahí se inició la búsqueda de visión.

Ellos querían que viniéramos a poner un rezo y así llamarlo en las cuatro direcciones y decir a quien oiga, aquí o allá que nos ayude.

Buscamos que todos nosotros estemos en mejor condición, mental, física y espiritualmente. Estamos aquí en el entendimiento que estamos pidiendo la continuidad, la perpetuidad, estamos reconociendo qué cosas pasan y que lo más importante es siempre comenzar bien y que estamos aquí iniciando el cambio de los tiempos, el tiempo prometido por los abuelos, porque en definitiva todos tenemos que volver a casa, a las raíces, al origen, a nuestra verdadera naturaleza y con esto al equilibrio, a la sobriedad de cómo es que vamos a resolver si es que queremos ser la solución o la prolongación de la agonía y dejárselo a los que vienen, que nuestros nietos se encarguen de los basureros y la contaminación.

L. S.: ¿Qué es la búsqueda de visión?

A.D.T.: Es así como uno para la mente, como uno escucha su corazón, como uno lleva sus ideas y las firma en el corazón. Es el lugar donde se instruye, se prepara, se entrena a los líderes, así esa es la gente donde se guía con una causa a través de un espacio, donde imploran una visión. La visión es un entendimiento de estar conscientes durante todo el año, se pide para los 365 días del año poder reconocer todas las criaturas que encuentras en tu cotidianeidad. Así en su sacralidad, en la energía más fina del espíritu que todos son sagrados, plantas, animales, minerales. Estamos diciendo que hay elementos y que estos son de alguna manera, nuestras bases y principios y queremos con esto que la gente retome la unidad del cielo y de la tierra. Somos los que nos encontramos entre el cielo y la tierra.

Es un lugar para abstenerse, guardar silencio, estar sin intermediarios a las instrucciones de dónde sopla el viento. Estar bajo la intemperie y que nuestra gente se cure de sus miedos, dudas; todo lo que hay en nosotros son recursos para curarnos nosotros mismos. Ahí te das cuenta de tu aguante, tu condición y de alguna forma se superan así la sed, el hambre, porque estas en un lugarcito y no tienes que salir de ahí, estas cuatro días, cuatro noches, pidiendo, o sea que es un lugar que es un altar en el cual uno consagra su vida en una relación ascendente, expansiva.

La señal del rezo de la flecha son siete, el primero está dedicado a la madre, se llama conocimiento, el segundo está dedicado al padre se llama sabiduría, el tercero está dedicado a los hijos, que es la comprensión, la cuarta está dedicada al mundo entero, la quinta es la inteligencia, la sexta es la astucia.

De alguna manera estamos pidiendo a la gente que se dé un tiempo consigo mismo, que se mire y se encuentre con la persona más maravillosa, que es verse en frente de uno mismo mirándose a uno mismo. El espíritu mira tu cuerpo y tú miras al espíritu como mira a tu cuerpo, eso es importante porque ahí está cómo lo quieres y para qué lo quieres. Eso te trae a la base, al cimiento, a casa.

L.S.: ¿Qué es la Declaración Universal de los Derechos Indígenas? ¿Fue aprobada por la ONU?

A.D. T.: Hace cuatro años fue aprobada, desde 1993 estuvo en la ONU, sabés como es la burocracia, estuvo mucho tiempo en algún cajón, pero luego llegó otra gente a la ONU y lo aprobaron. Todo está cambiando, el mundo está cambiando, los polos están cambiando, el calentamiento global es real, si alguien quiere negarlo es porque así se han acostumbrado, pero la verdad está saliendo a la superficie. Lo único que yo veo es que somos el sueño, la visión de los abuelos, que ellos han visto y ya han profetizado que llegaría un momento en que tendríamos que ocupar un lugar que ellos nos heredaron y ver cómo ellos vieron, cómo es que queremos las cosas para nuestros hijos. Si las queremos bien, tenemos que generar el bien para todos, porque no podemos seguir enfrascados en esta división, cuando se nos ha dicho que vamos a llegar a ser una sola nación. Nuestros abuelos nos dijeron que nuestros orígenes no se limitaban a ninguna frontera, que era de un origen cósmico universal y que de alguna manera nosotros estamos en la tierra volviendo a la unidad, viviendo con el propósito del sueño de los abuelos, que soñaron un continente unido.

En la declaración universal de los derechos indígenas, decimos que todo indígena tiene derecho de no ir a la guerra, simplemente así reconociendo que la guerra no es el propósito por el cual venimos aquí.Queremos que reconozcan este derecho legítimo de nuestra relación con el agua, la tierra, los vegetales, con los animales, porque es lo que vamos a heredar a nuestros hijos, no queremos envenenarles el corazón, la cabeza y que se amarguen o se frustren, sino que vean de corazón como es que los recibimos y lo pasamos a nuestros hijos, queremos que sea de una forma saludable, clara y transparente.

L.S.: ¿Las naciones indígenas siguen manteniendo su base espiritual?

A.D.T.: Yo no veo distinción entre las razas. Todos somos la raza producto, un pueblo de múltiples lenguas y culturas, pero somos la profecía y la profecía dice que somos una raza cósmica. Yo no veo ni siquiera un tipo de mestizaje; somos producto y somos todos una sola raza.

L.S.: ¿Cómo se definiría, como un chamán?

A.D.T.: Yo me definiría como un buen estudiante, un peón, un trabajador, en donde quiera que esté, mientras uno entienda que es diseños, alineamientos sagrados y que de alguna manera el pertenecer a una flecha, mientras esté apuntando al corazón, a la verdad, puedo ser un flechador o un recolector cualquiera.

L.S.: En la Declaración Universal de los Derechos Indígenas, se plantea el derecho que tienen los pueblos originarios de utilizar el peyote, ¿se lo puede considerar como un alucinógeno?

A.D.T.: Yo no lo definiría como un alucinógeno, diría que es una planta de poder, que sana y que tiene muchos dones y cualidades, que es solución de muchas cosas, pero la gente llena de prejuicios, condena, juzga y si no entienden quieren detenerlo. Es una planta muy bondadosa, que hace sentir bien el corazón, lo fortalece y si hablas con ella sientes que tu mente es clara y sientes como si la planta te hablara. Es buena para la memoria y para saber incluso telepáticamente, porque nos ponemos todos en un mismo entendimiento, en una misma frecuencia, entonces es un sacramento.Hay mucha ignorancia en el mundo y queremos que la gente venga, tome y disfrute la presencia victoriosa de los victoriosos, de los maestros realmente iluminados, no de los que se anuncian y dicen estoy iluminado; de los que nunca dicen nada, pero que te dan una luz.

L.S.: En Uruguay estamos en una discusión sobre la posibilidad de legalizar la marihuana, ¿la considera de la misma forma que al peyote?

A.D.T.: Todas las plantas que da la madre tierra son sagradas, todo lo que viene del universo y fue plantado acá en la tierra, es parte del gran misterio, del gran espíritu, tienen el mismo derecho, quién nos creemos nosotros para condenar y juzgar, somos de verdad una monstruosidad.

La María tiene muchos dones y cualidades, qué no se hagan los hipócritas y que se dejen de falsedades, la María, si uno entiende que tiene su altar, su propio espacio y que se puede cuidar de no echarle la culpa de lo que hacemos, es buena. Hay que tener cuidado de que nuestra gente sepa que no puede andar haciendo cosas si no está en control completo de sus reflejos. Es para utilizarse en lugares sagrados o con propósitos médicos y el uso particular de cada persona tiene que hacerse siempre en buena fé y evitar que no se vuelva un hábito.

19 de febrero de 2013
lasemana.com.uy