sábado, 20 de octubre de 2012

La gran estafa de los agrocombustibles



Acaso me pregunto si no estaremos sufriendo ahora la más grande malversación de fondos sociales que haya tenido lugar en la historia. 

En tanto numerosos agricultores y establecimientos agropecuarios ya con carácter de mega emprendimiento empresario tramitan toda clase de preferencias económicas previstas para lo que otrora fueran dignas actividades agropecuarias, cabe preguntarse acerca de si tales beneficios económicos deban verse concedidos a la provisión de bio combustibles.

Tal cuestión no es una simple metáfora dado que en nuestro territorio se tramitan numerosas exenciones y beneficios fiscales vinculados a la sequía, al granizo y a las inundaciones, etc. Todos extraídos del necesario resguardo con que debe ser custodiada toda actividad alimentaria.

Destinar esos beneficios a otra clase de producción, no sería acaso la malversación más cuantiosa habida en la historia económica de nuestro planeta.

De ecológico no tienen nada 


Numerosas organizaciones de incuestionable prestigio internacional vienen dando la alerta sobre el desafortunado saldo de deforestación, emisiones de carbono por quema y desplazamiento forzoso de poblaciones y actividades agro alimentarias regulares que viene teniendo lugar en nuestra región de la mano de los bio combustibles. Monocultivos de palma aceitera en el Caribe, maíz y soja transgénica y caña de azúcar para etanol, son algunos de los modelos actualmente en expansión en absoluto detrimento de nuestra biodiversidad y soberanía alimentaria. Entonces cabe preguntarse, porqué se les análoga impositivamente a la digna actividad alimentaria. 

Agravan esta observación los recientes descubrimientos sobre efectos a largo plazo en la ingesta de alimentos genéticamente modificados GMO. Dichos estudios confirman la toxicidad e inestabilidad de este tipo de alimentos para el consumo humano y lo desaconsejan aún en animales cuyo destino fuera a su vez el de ser alimento humano ulteriormente.

Los agrocombustibles como fuente de energía 


En la industria energética los agrocombustibles no son considerados una fuente real de energía. Tal afirmación deriva de una sencilla regla de estimación de la rentabilidad de un recurso energético denominada TRE (Tasa de Retorno Energético), o dicho en términos legos cuanta energía se pone y cuanta se obtiene del ciclo productivo empleado. En el caso de los combustibles de origen orgánico, es mayor el gasto que el retorno. Esta sencilla cuenta económica ha obligado a retirarse del terreno a numerosos proyectos productivos, por mencionar algunos recientes, los que tenían por escenario al Brasil en materia de etanol de caña cuyos cupos del mercado interno serán nuevamente absorbidos por los tradicionales fósiles. Ahora bien, porqué continúa la bonanza de los granos transgénicos, sino se aconsejan como alimento y son dudosamente rentables como combustibles.

La respuesta es sencilla 


Dan dinero. Apropiarse de la tierra ancestral de los pueblos originarios es un deporte que por estas tierras americanas ya lleva unos quinientos años. Escriturar la tierra del campesino y proletarizarlo en su propio suelo, es otra actividad rentable que tiene ya un par de siglos de historia. Los formatos recientes acuñados como expresiones neocoloniales son justamente estos derivados de la apropiación de la semilla y de la captura de subsidios destinados a apoyar al genuino agricultor. Estas son prácticas que requieren ahora de la complicidad del Estado no ya siquiera con el productor, sino con estas nuevas empresas transnacionales del agro negocio. De aquí derivan muchos de nuestros más dramáticos escenarios sociales, donde la miseria y el hambre se juntan justamente allí donde la tierra debiera retozar de diversidad y abundancia.


Cómo salirse pronto del engaño 

Debemos realinear nuestras fuerzas productivas a un nuevo escenario marco donde la naturaleza recobre todas aquellas bondades que alguna vez nos hicieron libres.  La disponibilidad de los bienes comunes, la inapropiable heredad cultural de nuestras especies 
agro productivas, los usos sostenibles del ciclo del suelo, entre muchas otras buenas prácticas más asociadas al desarrollo local y a la economía social que al actual ciclo de saqueo y contaminación reinante. Pero sobre todo debemos dejar de sustraer beneficios, subsidios y exenciones a los legítimos destinatarios de estos fondos retirando de la nómina de beneficiarios a los que no producen alimentos dignos de ser consumidos y mucho menos a aquellos que queman nuestra flora y exterminan la fauna nativa en aras de sus propios beneficios.

Arturo Avellaneda