sábado, 28 de julio de 2012

Tierra, cultura y comunidades naturales


Las riquezas de nuestros genuinos habitantes

Todos los senderos adaptativos que transita una especie silvestre, son espontáneamente convergentes en equilibradas comunidades biológicas. Alterar su curso, es cambiar el orden de la historia evolutiva de todos los actores de un sistema biológico dado.

El equilibrio de un dispositivo natural vivo se conforma del aporte que hacen todos los elementos inanimados que lo componen, más las múltiples relaciones de interacción que ejerzan sobre ellos las comunidades biológicas que los habiten.

El equilibrio que todos parecen estar buscando para sí mismos ahora, no necesita ayuda para florecer y expandirse sobre todo el planeta, el error lo aporta el hombre civilizado al intentar actuar como rector de los procesos naturales que lo envuelven y de los cuales poco sabe acerca de cómo funcionan.

La naturaleza está, no comienza o tienen lugar a partir de un lunes determinado. Permanece. Es antes que el tiempo y el lugar y por si acaso guarda conciencia de sus propias condiciones y oportunidades a través del registro de todas nuestras interacciones, Como en la colmena nuestra especie registra lo que le pasa y de alguna manera reconstruirá su marcha por sí sola cuando realmente le haga falta.

Toda manifestación natural de vida es un tesoro de conocimiento inabarcable para la mente humana. Sólo la ignorancia hace de los arbustos malezas y de los insectos plagas. El hombre actual es resultado de una combinación de aptitudes propias de un cazador, pescador y recolector gregario. Desconocer la razón de su presencia biológica en la naturaleza, quizás sea nuestra mayor ignorancia.

Reconocer la importancia que tiene cada miembro de esta gran familia en la atemporal tarea de sostener con vida a todo el concierto de especies, en todo espacio, a lo largo de todos los climas y sus temporadas, es la verdadera tarea que esperar de nosotros como especie de dos patas. Este músico, el portador de la palabra, no ha hecho hasta ahora más que ver erróneamente a sus intereses parciales como la lógica del todo. Y a este error, ya lo estamos pagando todos.

Todo el proceso evolutivo marcha ordenadamente en pos del tan mentado equilibrio ecológico, así el planeta sólo ha sabido interpretar el mejor camino dado a cada especie salvaje que alberga. Sin intervención de la mente humana, todo ha funcionado digna y armónicamente, hasta para con nosotros mismos, sin que debamos guardar registro consciente de ello en algún sitio.

Un orden combinatorio preciso guardan entre sí las substancias inanimadas cumpliendo su cometido con estricta matemática. Cada especie que registre vida relaciona su alimentación a otra y todas juntas como una sola a todo el entorno natural que las rodea. El humano actual nombra a todas estas presencias como si le fueran propias, apreciando sus valores en infundadas monedas. Esta es la fuente del desequilibrio actual, así como también de mucho de lo que sucede en el campo de lo social. Injusticia, avaricia, apropiación y saqueo. El civilizado es hoy el peor alumno de nuestra Madre Naturaleza.

El ambiente natural, geográfico y biológico, es el único asiento de la especie humana. Un individuo aislado es incapaz de perpetuar la especie y de trasmitir su cultura aún en el medio natural más propicio. La mínima unidad biológica humana apta para sobrevivir en el planeta, es el clan. Sin congéneres amigables, o sin un entorno sano, la vida humana se dificulta hasta su regresión completa.

Toda población biológica responde en principio a las mismas reglas que respetan las demás poblaciones biológicas y deben guardar en el contexto material que las envuelve idénticas proporciones en valores naturales: Biomasa, biodiversidad e interacción biológica se recrean además en las relaciones humanas como desencadenantes de múltiples efectos en alcance y sentido. Unas veces potenciando nuestra calidad de vida; y otras trayendo a nosotros castigo y miseria.

Elevando la sanidad de toda la biosfera, elevamos también la calidad de vida del individuo humano que en ella habita. El medio geográfico, compuesto por el aire, el agua y el suelo; el entorno biológico compuesto por todas las formas de flora y fauna que sabemos corresponden con el paisaje, y la propia condición social humana, son todos componentes indispensables para la supervivencia de la humanidad toda.

La riqueza en recursos inanimados, la abundancia de vida y la prosperidad de las comunidades biológicas básicas, son el verdadero sustento en el que se fundamentan nuestras economías.

Las viejas economías monetarias son abstracciones bancarias, son herramientas regresivas ahora que necesitamos abandonar. Ellas estuvieron fundadas en el abuso del privilegio primero, y luego en la abundancia de energía barata y abundante. Hoy su verdadero fundamento es la moneda irrestrictamente abstracta y la guerra económica con la que sostener tan arbitrario privilegio.

Debemos reconocer el próximo paso e implementar con perentoria urgencia un retorno hacia una economía real basada en la felicidad del individuo, el afecto gregario por la comunidad familiar, y un nuevo y religioso respeto por la vida en todas sus más variadas y disímiles formas.

Arturo Avellaneda