viernes, 28 de octubre de 2011

NATURALEZA DE UN ETNOCIDIO PROGRAMÁTICO





Ante la aceleración del proceso de crisis en actual curso de expansión es necesario tomar un instante para determinar su alcance y origen, a fin de ponernos a salvo de los perjuicios que prodigará a su paso por nuestras vidas.

Una descomunal depreciación de las monedas y títulos especulativos terminará de abatir las economías centrales ahora inexorablemente afectadas por una contracción real impulsada por la sobrepoblación, la escacez de energía, y el soberano encarecimiento de los recursos biológicos.

No alcanzan a fortalecer los centros industriales y los avances tecnológicos las economías de las que provienen, aunque si en cambio acrecientan en sus metrópolis el consumo de toda clase de recurso ya sea para dar aliento a su población, a su sofisticada industria, o bien para sotener activa la matriz energética con la que se sustentan sus ciudades.

Este marco de contracción real de las economías más concentradas está desencadenando un rápido deterioro de la posición especulativa monetaria y proyectando desmesurada avidez por aferrarse de verdadera riqueza por cualquier método del que se trate. Guerra por petróleo, commóditis en alimentos, metales, tierra y agua. O lo que fuera antes de conservar el dinero en las intangibles formas electrónicas que proponen los bancos.

Así se han disparado sobre nuestro suelo numerosos intereses dispuestos a arrebatar de sus bienes elemetales a la población rural sea que se trate de pequeños productores, campesinos ancestrales y hasta los aborígenes no contactados, todos los cuales se han visto compelidos a obedecer a una tendencia que los expulsa y confina como parias al interior de los sobrepoblados centros urbanos.

Toman el metal de la montaña, les reulta indiferente el agua de los glaciares, envenenan los arroyos comprometiendo la flora, la fuana y hasta el cultivar. Toman la tierra viviente y la matan con todas sus perniciosa sustancias hasta que sólo pueda sobrevivir el cultivo por ellos patentado. Ciegan el bosque, saquean la pesca. La cuestión es seguir adelante hasta que nada quede. Es la continuidad de un insensible coloniaje, de un ininterrumpido etnocidio de nuestra población en favor de la continuidad de un proceso de concentración monetaria hoy obsoleto incluso en las metrópolis de las que parte como criterio de desarrollo.

Tomemos conciencia de que es este el final de un período económico largo y que lo que vendrá en lo inmedito será una inédita crisis de valor que cambiará completamente el sentido de la circulación de la riqueza, empoderando rápida y generosamente a todas aquellas poblaciones sustentadas armónicamente por la sólida y confiable naturaleza que las rodea. Vuelven los usos de la tierra que alguna vez acuñara el habitante histórico. La riqueza de ser parte de una cultura, de formar parte de una comunidad activa y solidaria regresan como valores genuinos a ocupar el sitio de honor que siempre han merecido.

Es ahora el momento de tomar conciencia, de ser parte del esfuerzo por sobreponernos con hidalguía a lo que vendrá ahora de la mano de los medios de masas, de los falsos políticos y sus aliados económicos.

Resistamos con todas nuestras fuerzas: A combatir la mega minería contaminante, el saqueo de la naturaleza, los monocultivos, la desertificación, la deforestación, la pesca regresiva. Formemos nuevamente nuestras asambleas que como los cabildos de la emancipación sirven ahora para enfrentar esta nueva guerra por nuestra independencia que se nos viene encima.

Aferrémonos a la Madre Tierra. Y no dudemos en reafirmar ante quien sea la dignidad que tenemos por ser su genuino habitante. Aquel que se proyectará hacia el futuro por sobre quien sea con la dignidad que merecen los verdaderos hijos de la tierra.

Arturo Avellaneda