lunes, 10 de octubre de 2011

AUTONOMÍA AMBIENTE Y TERRITORIO


El Retorno de la Razón Emancipatoria Americana

Valor vida – Programa emancipatorio - Naturalismo - Madre Tierra – Patrimonio cultural – Epistemología originaria americana - Socialismo originario americano - Buen Vivir

La cosmovisión originaria americana no sólo posee un orden institucional precedente a la conquista, sino que además contenía valores que aún suponen una más equilibrada relación entre el hábitat natural y el sistema biológico.


El animismo originario americano

Si un criterio rige por sobre todo otro en las culturas originarias americanas ese es el valor "vida", este valor es un sinónimo de ininterrumpida continuidad entre todas las relaciones naturales y bajo su lógica encuentran sentido todas las formas en que se manifieste su presencia como sustancia consciente, completamente independiente de la voluntad del individuo biológico que temporalmente la posea. Es así como un sistema de creencias oprimido y desterrado por opresión colonial, actualiza su vigencia a la luz de los múltiples testimonios de desadaptación al terreno que evidencia la cultura dominante eurocéntrica. "Todo lo que el winka toca lo destroza: Aire, agua, bosque, tierra"; señala el cantor popular y no está lejos de interpretar la desmesurada industrialidad del modelo impuesto por el pensamiento económico dominante.

Este milenario criterio ancestral, usualmente llamado animismo natural o inmanentismo más técnicamente identificado por los miembros de las iglesias cristianas. Ha servido en la antigüedad para alentar la multiplicación de toda presencia biológica, tan diversa y numerosa como se pueda. Este sistema de principios interpreta que sin una razón aprensible por la mente humana cada forma de vida tiene un propósito sagrado. Un valor mágico asignado dentro del orden natural que no necesariamente debe ser conocido por el ser humano o en todo caso éste para poder interactuar deberá pedir permiso justificadamente ante la inmanente mirada de la Pachamama. Así sencillamente evocando la condición de hijo de esta tierra y hermano de todas sus formas de vida, el habitante ancestral refrendaba su presencia dentro del sistema viviente que como una madre lo contiene. Este verdadero orden moral originario americano, remite a los orígenes mismos de la vida como sustancia y remite necesariamente a la necesidad de dar a esta presencia infinita continuidad como sagrado testimonio de adhesión al supremo mandato de venir a sustentar la vida en todas las más variadas formas en ella se manifieste.

Así sencillamente repone su vigencia un criterio ordenador de la vida, frente a una naturaleza actualmente devastada por la codicia progresista que jamás persiguió otro propósito que no fuera el lucro económico.

La emancipación natural americana

Ante un futuro signado por la escasez y la sobrepoblación vuelven a tener una renovada relevancia nuestras enormes extensiones americanas. Ellas son nuevamente foco de interés como entonces lo fueron, cuando se le arrebató su libertad al indio. Pero no en toda la enorme extensión americana la emancipación supuso un etnocidio colonial, sino que por el contrario en muchos casos las culturas nacientes se asimilaron a las residentes conformando un nuevo fenómeno de integración único cuyo ejemplo de síntesis y tolerancia nutre las corrientes culturales criollas y mestizas a lo largo de toda nuestra región. Muchas culturas ni siquiera lo hicieron y continúan habitando la naturaleza de nuestro vasto interior sin siquiera haber cambiado de calendario.

Existen numerosos ejemplos de costumbres e instituciones directamente adquiridas del poblador natural que hoy circulan por entre nuestros hábitos más cotidianos, pero poco se conoce acerca de la relevancia que puedan continuar ejerciendo sobre nuestras vidas sus fundamentos filosóficos otrora activos como tendencias lógicas de civilizaciones silenciadas por el olvido y por la espada.

Ese acervo testimonial es ahora un capital cultural que respaldará nuestra facultad de sobrellevar con mayor dignidad los acontecimientos que vienen. Ya no será solamente su contenido materia de estudio antropológico, sino que cobrará relevancia como verdadero conocimiento práctico a la hora de poner a prueba la reconversión de nuestras actuales economías monetarias. El tesoro de nuestra etnobotánica, sus fármacos, fibras y maderas. Nuestros hábitos alimentarios inexorablemente unidos a la inacabable colección de nuestra flora y fauna autóctona y la extensa y múltiple variedad de ambientes naturales aún aptos para albergar dichas poblaciones biológicas en completo estado de armonía incluso sin intervención de la mano humana.

Es este entonces un determinante paso hacia el renacer de nuestra verdadera economía. La reparación de los verdaderos valores precursores de riqueza como el agua, los suelos y la disponibilidad de energía. La defensa de la biomasa, su diversidad y capacidad de interacción natural como supuestos indispensables para la continuidad de nuestra presencia biológica. Y sobre todo la restauración de nuestra propia conducta como miembro apto para ser parte de un todo armónico y ordenado que nos contenga como especie social.

Un renacimiento de nuestra verdadera condición humana nos aguarda al final del túnel de esta historia de saqueos y de conquistas. Menos que animales han sido nuestros supuestos conquistadores. Es tiempo ya de revertir el catastrófico sentido que ha venido manteniendo sobre nuestro paraíso este flagelo al que muchos aún insisten en llamar desarrollo.

Que la tierra tome la palabra. Que la vida se despliegue en ella en todas sus expresiones y que con nuestra presencia expresemos esa misma armonía en todas nuestras relaciones.


"Todas las cosas del Universo tienen espíritu y vida.
Las rocas, la tierra, el cielo, las aguas, las plantas y los animales
son diferentes expresiones de conciencia, en reinos y realidades diferentes.
Y todas las cosas del Universo saben de su Armonía con todo lo demás,
y como darse uno al otro. Excepto el hombre.
De todas las criaturas del Universo,
sólo nosotros no comenzamos nuestras vidas
con el conocimiento de esta gran Armonía.
Nuestro espíritu puede llegar a ser completo
mediante el aprender a buscar y percibir,
aprender sobre nuestra propia Armonía
con todos nuestros hermanos
de la madre tierra".

Francisco Melo Nahui Mazatl

Arturo Avellaneda
Fragmento "MANIFIESTO PERMAHABITANTE" 2011