lunes, 8 de agosto de 2011

El ocaso del paradigma civilizatorio


Sueltos a su exclusivo arbitrio y con absoluta prescindencia de todo control, los grandes centros financieros del mundo se han erigido en los exclusivos rectores de una presunta economía globalizada. Un mundo concentrado también en superpoblados centros urbanos, cree que su subsistencia está exclusivamente vinculada a factores financieros y no biológicos. Para el capitalismo moderno, el temprano abandono de la moneda convertible en oro por otra de curso legal, fue más una ruptura de la economía con el medio ambiente, que un nuevo contrato social públicamente consensuado. Pronto una sinarquía internacional acumulará también la estimación del factor multiplicador del dinero como propia. Con el hiper desarrollo, la infinita aceleración de la actividad económica, extrema este efecto a consecuencia también de las nuevas formas de comunicación instantánea.
Como en el mito de "Terminator", la inteligencia artificial escapa del control consciente del hombre. Un verdadero huracán monetario gira sin control sobre las cabezas de las metrópolis modernas. El efecto matemático de abundancia, contrasta irresponsablemente con la consciente escasez en la que la mayoría de la población mundial se debate.
Un preocupante escenario social que tiene en los más jóvenes a su más conspicuo "universo cautivo", nos arroja a todos graciosamente a las manos de un dirigismo conductista al que ya no es posible contradecir ni objetar masivamente. Gira en los medios de masas una superestructura virtual en la que se cuecen nuestros instintos más loables como excusa para vendernos las más desadaptadas soluciones.
Así es como están ahora abiertas las puertas de nuestros recursos al huracán monetario que todo se lo devora. Del puerto, partían las voces del "progreso" mientras la propaganda ofrecía prosperidades bancarias. Las flotas comerciales cargaban vacas y cosechas a cuenta de nuevos y cada vez más deteriorados instrumentos monetarios.
Del "progreso" prometido por el ferrocarril británico. A la furia del piquetero, que ve partir por la ruta camiones llenos, que luego retornan totalmente vacíos. Hemos visto repetidamente la misma secuencia de privaciones por despojos. Así con el caucho, el salitre, la fruta, el guano, el Cerro Rico de Potosí, la captura pesquera, etc., etc. Para encontrarnos un día con todos los bancos vacíos y la gente hurgando entre los residuos urbanos por un poco de comida.
Una forma de extracción de recursos naturales comparable a una infección patógena contamina ya toda la superficie del orbe. Desertificación, contaminación, calentamiento, deforestación, derretimiento de los hielos fósiles. La presencia humana, interfiere ya en la continuidad de todos los procesos biológicos, desbaratando su equilibrada continuidad. Un anunciado Apocalipsis provocado por una civilización de lo apropiable, que despreció al mundo real por salvaje, se cierne sobre nuestro futuro inmediato. Hemos heredado un fatuo individualismo cortesano, que nos ha envuelto en su trama sin ética ni respaldo. La educación, los medios masivos, el modelo ideológico, la religión, los partidos políticos, todos se han visto obligados a ser "civilizados" como los blancos del hemisferio norte. Y para ellos, la más grande de las responsabilidades por la situación del planeta.

El nuevo orden de prioridades

En el sentido inverso en que el hombre moderno expresa sus prioridades, la primera causa de extinción de especies es sencillamente, la pérdida del hábitat natural. Solamente la apropiación de terreno silvestre y su reemplazo por espacios urbanos, rurales o simplemente modificados por obra de la mano del hombre, son el primer motivo de reducción poblacional de la fauna y flora silvestres. El más mínimo cambio de PH del suelo o de temperatura en el agua, representa un cambio ambiental de imprevisibles consecuencias entre la flora y fauna nativa.
En segundo término, y aunque parezca poco relevante a la mirada de muchos simpatizantes de la naturaleza, la segunda razón por la que la vida silvestre se apaga, tanto en diversidad como en número, es la introducción de especies exóticas. La agricultura, la ganadería, las simpáticas mascotas, las especies de corral y hasta la gratuita invasión con especies foráneas para la práctica deportiva, son factores que desplazan la legítima presencia biológica que la geografía de cada lugar hubo de seleccionar en un esfuerzo multimillonario en tiempos y espacios silvestres, que merece nuestro respeto.
En tercer lugar, una serie de factores se combinan de una manera diferente según el tiempo y el espacio observado. Naturalmente el primer factor de alteración ambiental sigue siendo el clima. Este, es el primer determinante de cambios medioambientales en condiciones normales. Sequías, tempestades, inundaciones, etc. Los tiempos de floración, las eclosiones de insectos, la nidificación y parición; centenares de procesos son regulados estrictamente por el régimen climático, y su poderosa influencia se extiende a todos los demás procesos biológicos. La fluctuación poblacional de cada especie puede en condiciones normales, ser enorme sin que el hecho deba ser considerado alarmante. Oscilan las variables climáticas y las poblaciones silvestres se adaptan según sus aptitudes los favorezcan o no frente a cada cambio.
De una forma equilibrada, todas las formas de vida conviven. Cada ambiente ofrece excedentes viables como alimentos o fertilizantes a otras especies con las que interacciona. Si cazar, pescar o recolectar frutos libremente, fuera nuestra actividad cotidiana, jamás se hubiera formado ante nosotros el oscuro horizonte que ahora contemplamos, porque simplemente esas son las actividades que definen las relaciones espontáneas de interacción entre todas las especies vivientes del orbe. La vida como una sola presencia, confronta el criterio de desarrollo. Expresa la torpeza, determina el cambio, impone su criterio, en la continuidad de su propio modelo de desarrollo continuo.
El ser humano ha resultado fuertemente victimizado por su propia especulación acerca de lo que es la vida, y de esto dan testimonio en forma contrapuesta, ambas escuelas políticas hijas del positivismo europeo, el comunismo y el capitalismo moderno.

La consolidación del modelo sostenible

Es indetenible el hecho de que la naturaleza acabará imponiendo de una forma u otra, su propio modelo evolutivo, sin perjuicio de que la especie racional entre o no en regresión hasta su ocaso. A fin de ser fatalistas, podríamos decir que no hay motivos comprobables que nos hagan suponer, que en los procesos naturales exista una voluntad que simpatice con la especie humana. O que debamos suponer por algún otro motivo, que nuestra condición de dominio racional esté fundada en un suceso inalterable y constante de comprobación matemática.
Al parecer, lo errado es el enfoque, por que ninguna actividad necesariamente vinculada a la satisfacción de un instinto primario es opuesta a la sanidad del medioambiente silvestre donde se genera. Habitación, abrigo, nutrientes, relaciones interpersonales y hasta cultura y esparcimiento, no suenan incongruentes con el resto de los requisitos biológicos que las demás especies demandan de su entorno. Sin embargo toda otra familia de nuevas necesidades no vinculadas inmediatamente a las demandas citadas, pasan a representar una excesiva carga ambiental. La catástrofe proclamada no está tan relacionada con la superpoblación como se cree, sino más bien con la súper alteración de los escenarios silvestres. Las poblaciones humanas de zonas rurales marginales, o de ambientes semisalvajes, como las que poblaron el sudeste asiático, el África subsahariana y el interior de Sudamérica, conocen de manera ancestral todos los recursos que completan su universo de necesidades básicas, y tienen plena conciencia sus habitantes aún de cómo vivir dentro de una economía basada en el autoconsumo sin que por ello deba extinguirse ninguna especie.
Es la creación de una segunda economía, la economía monetaria, la que multiplica las necesidades básicas. Y es esta misma economía la que provoca injustas desigualdades a la vez que crea nuevas áreas de interés antes de resarcir el costo de desapropiación y deterioro que genera dentro del sistema ambiental donde instala su mercado. Para los mentores del desarrollismo, así como en la post guerra, no calcularon el costo ambiental de su modelo, ahora tampoco calculan el deterioro humano subsecuente al proceso de crisis sistémica que enfrentamos. Sencillamente nos han sumido a todos en un insostenible estado de población antinatural.
La inexorable reincorporación consciente de la vida humana al ciclo natural del que alguna vez emergió, será el desafío de la siguiente etapa. Así como el recorrido evolutivo reciente en este particular aspecto de lo humano que es lo social, reconoce haber pasado por al menos tres etapas: El salvajismo, la barbarie y la civilización, como parte de una definición antropológica clásica; también cada ser humano posee clara representación de tres aspectos primarios de su composición sicológica como lo son: La persona individual, su pertenencia familiar, y la colectividad que integra. Conjugar entre sí dicha tríada ha representado una ardua tarea intelectual hasta el presente. Pues bien ahora habrá que trabajar aún más profundamente dado que como resultado de dicha compleja interacción, han fragmentado el escenario físico en tres consecuencias emergentes: El terreno urbano, el rural y el silvestre. Rever como se produce el tan aludido desequilibrio ambiental, el agotamiento de los recursos no renovables y el cambio climático, carecerá de mérito, hasta tanto las soluciones consigan un real emplazamiento en el verdadero terreno humano en conflicto.
Arturo Avellaneda
Fragmentos del libro
HABITATUM