martes, 16 de junio de 2015

La educación que viene. Una lección de elemental supervivencia

Una lección de elemental supervivencia



Institucionalizar el proceso adaptativo de un ave, abriendo un llamado a inscripción, disponiendo de un escenario aular y confeccionando contenidos que describan y moderen los modelos de conducta que deba aprender a imitar un buen polluelo; sería una tarea irrisoria, porque todo el mundo sabe que este tipo de animales aprende naturalmente de una forma espontánea la que habrá de ser su conducta. 


El hombre moderno, sumergido en su contexto cultural y suscripto a un programa civilizatorio en supuesto buen curso de desarrollo, no debería funcionar de una manera muy diferente, por el contrario debería resultarle más sencillo que al ave reproducir una conducta evolutiva mejor adaptada al medio natural que habite.

Sin embargo, la vía de conocimiento gregario de este buen animal que somos se encuentra intervenida por un sistema de creencias que dice ser el exclusivo portador de los modos de conducta a consagrar como dignos de ser imitados. Así, numerosas formas de interacción adaptadas y sinérgicas con el entorno natural, pueden ser modificadas en favor de otro modelo, cuya intervención alienta la forma de vida humana tenida por dominante sin que se sepa bien de que manera esa potestad ha de ayudar al bienestar de los niños intervenidos y sustraídos de la histórica relación que los une a nuestro entorno biológico.

Este proceso podría recibir muchos nombres ahora si permitiéramos que se lo observe desde distintos enfoques, de modo que para algunos pueda ser referido como evolución, salud o estado salvaje, según sirva de una manera u otra al texto desde el cual se lo aborde, pero cuando hablamos aquí de educación y aprendizaje, debemos convenir que hablamos de lo mismo: De la conciencia de la prosecución de nuestra mismísima tarea de hominización a la que tan brillantemente alude Edgard Morín, cuando aborda a la educación del niño desde un enfoque evolutivo.

Por otro lado, el conocimiento se ha estandarizado como saber en una formulación conformada que impartir a las masas infantiles sin siquiera ser previamente ensayada en la vida de sus propios padres. Es la premura del progreso, el formal llamado al desarrollo social, la inminente presencia del ideal transhumanista que todo lo subordina y lo trastoca a su arbitraria conveniencia en aras de un apurado y competitivo desarrollo social. La expresión intelectual de la conquista y sus sofisticadas formas de subordinación al coloniaje moderno.

Una educación que sirva al niño, probablemente sería inconcebible. Es aquí dónde y cómo es el niño el deberá servir a la sociedad como un verdadero cautivo intelectual incapaz de generar cultura o adaptarse desde sus propios criterios al medio social y ambiental que lo circunda por tanto incapaz de realizarse por sí mismo como ser pensante y creativo en cualquier medio dado.

Todos aceptamos de alguna forma o al menos durante algún período de nuestras vida la intervención de una educación impuesta cuyo modelo de hombre y mundo coincidan con alguno de los paradigmas de la civilización moderna. Pero quien más o quien menos, también todos lo hemos hecho en pos de una forma de vida previsible, colmada por los múltiples beneficios que ha de ofrecer para nosotros una vida estándar en la sociedad contemporánea. 


Nadie sino, se tomaría la molestia de pasar en una monótona reclusión la mitad de su vida infantil sino fuera cierto que el sacrificio que conlleva no derivara en un beneficio corroborable, de forma fehaciente, contante y sonante, ya que si así no fuera, todo el sistema educativo se vendría abajo como un castillo de naipes.

Lo que vendrá ahora



En cierta forma ahora nos debemos avocar a una etapa refundante de nuestra educación, dada la inminente premura con la que hemos de trazar una orientación nueva a los contenidos que proponer como válidos. Esa etapa deberá ser ahora, tan pronto como volvamos sobre nuestros contenidos educativos para preguntarnos: Que mundo hemos de legar a nuestros niños y que beneficios nos traerá una educación compleja, en la medida que empleemos nuestro propio conocimiento y experiencia para evaluar el modelo de ciudadanía globalizada en actual curso de expansión.

Recrear entonces el apogeo del acerbo instintivo y la plena condición ancestral e histórica de realización humana; aunque más no fuera por un instante, ha de ser la herejía desde la cual ponernos a construir ahora nuestro modelo adaptativo; toda vez que las condiciones varíen e incorporemos paulatinamente las nuevas circunstancias creadas por el mismo proceso al que todo el mundo alude como "desarrollo". Si es que deseamos ver prosperar a nuestros niños de una manera armónica con el entorno social y ambiental que por naturaleza los rodeará cuando las metrópolis pierdan su brillo y haya que relocalizar la familia en un escenario más estable y permanente que aquellos que se basen en monedas y energías no provistas por nuestra Madre Naturaleza.

Por toda lógica, ésta etapa del aprendizaje no compete a los niños sino a sus rectores, a quienes corresponde el deber de definir con que habilidades y desde que prácticas reales el proceso educativo abonará una vida futura efectivamente más grata para nuestras generaciones futuras.

Es por esta razón que acuden a nosotros otros temarios e índices, otros cosmos con sus cosmogonías, donde la aventura de ser parte del mundo viviente excita la mente e inflama de vocación a los corazones juveniles, porque es únicamente la potestad de actuar con libertad lo que ha de guiar la presencia vital del hombre en su condición de habitante natural del planeta, y por ende condición fundante de todo modelo educativo pasible de respeto. Plantas medicinales, animales de caza, modalidades de pesca y el sin número de relaciones a las que llamar nuestra cultura serían entonces los primeros puntos de un temario al que llamar educación; mucho pero mucho antes incluso que el tratamiento temático que han de ocupar la técnica y la ciencia como contenidos de clase.

Debemos llamar ahora a un éxodo masivo y apenas hemos comenzado a reconocerlo como perentorio. La vida de nuestros clanes familiares ha de renacer y nuestros territorios han de reverdecer nuevamente por fuerza, antes de que nos pese. Y ello ocurrirá sólo cuando asumamos la tarea de readaptación e integración a la naturaleza que se nos impone ahora como indispensable. Lo contrarió será ver ahondarse aún más, el deterioro de nuestras comunidades y de este bello animal que alguna vez fuimos en el sórdido interior de las grandes metrópolis.

2050, la meta que viene. 





En su última cumbre oficial (Cumbre de Elamau - Alemania 2015), el Grupo de los siete países más desarrollados del planeta - G 7; acordó en declaración conjunta estimar que para el año 2050 el planeta deberá abandonar el uso de energías de origen fósil. No sólo entiende la cumbre que prestará cumplimiento a dicha menta de una forma voluntaria y humanitaria, sino que se estima que tampoco llegarán las actuales reservas de energías de este tipo para cubrir el actual nivel de consumo planetario.


2050, también es una fecha de referencia para el Vaticano y las Naciones Unidas a la que con frecuencia se alude en temas relacionados a los alimentos, el nivel de población humana e incluso a las existencias de bosques y pesca.  

Todo ello representa la imposibilidad de extender el actual nivel de vida de los países centrales a otras regiones e incluso el seguro impacto que modificará la estructura de todas nuestras metrópolis a escala planetaria.

Un regreso inmediato hacia el tablero de la planificación se impone, todo vez que el cuadro de realidad imponga una carestía significativa e inexorable de aquel recurso nada menos que precursor del desarrollo industrial y tecnológico actual a todo lo largo del orbe.

Un nuevo modelo educativo entonces se impone como necesario, ya que partiendo mañana mismo a formar un nuevo cartabón de humano educado, tendríamos solamente 35 años para reinstalarlo en su medio social a tiempo. Resulta indispensable entonces recrear una vida sin dispositivos fundados en energías de origen fósil y hacerlo de forma eficiente para dar a luz lo que seguramente será una sociedad distinta, sino que además deberá contemplar desde un punto de partida lógico cuales habrán de ser los fundamentos reales y las tareas, más allá de las ciencias formales que deberá aprender el hombre del mañana para proveer con dignidad a una familia humana, con una jornada de faena.

Un sólo litro de petróleo equivale a unas 35 horas hombre de trabajo duro y continuo. Si tuviéramos que reemplazar definitivamente a esta fuente de energía, por algo que realmente sostenga en movimiento al mundo actual, tendríamos que descartar que vuelva a tratarse de una fuente no renovable, sólo si es que deseamos no volver a pasar por lo mismo de forma recurrente. Y desde ya no contar con la matriz energética fósil para continuar produciendo nuevas fuentes de energía. Así se descartan casi todas las fuentes de energía mal llamadas limpias o alternativas. A ninguna le falta un insumo de la era industrial, salvo que se trate de un recurso no renovable.

Así queda el futuro de nuestro nuevo hombre direccionado hacia una sola meta prudente y estable. La reinserción en la naturaleza, única fuente de genuinos satisfactores y de recursos verdaderamente renovables. Pesquerías, rodeos, cultivares, ríos y bosques serán los sagrados escenarios de nuestro nuevo mundo y no aquellos que la ciencia ficción iluminara en los salones de Holliwood. Más convendría que se avocaran entonces a un género cinematográfico al que llamar "Naturaleza Ficción", donde todos podamos ver cómo se cobijará a nuestras generaciones futuras, que seguir siendo avasallados por el falso perfeccionamiento humano con que se ilustra además toda la comunicación social social que parte del poder concentrado en nuestras grandes metrópolis.

Debemos comenzar a labrar hoy mismo los torrentes de contenidos educativos que devuelvan vitalidad y multipliquen nuevamente las poblaciones biológicas que alguna vez fundaron nuestras culturas a lo largo de la historia. Las manadas migratorias, la sanidad del agua superficial, la integridad de la diversidad faunística y hasta sus fundamentos mismos en las pasturas y bosques nativos hasta reponer con holgada generosidad su capacidad de contenernos nuevamente con vida. Nuestra comunidad biológica como seres humanos, ha de tener que postularse a sí misma como ningún animal lo ha hecho antes. Y este desafío involucra primordialmente a la educación, la que en el futuro habrá de servir de síntesis de nuestro proceso adaptativo o sencillamente, será otra expresión más de nuestra decadencia.

Una educación real para nuestros futuros habitantes naturales


Las 20 cosas que un niño debe saber para mantenerse con vida por sí sólo. 

1.   Encontrar agua segura para beber
2.   Construir un refugio, esconderse y trepar  
3.   Hacer fuego y cocinar
4.   Nadar y vadear
5.   Usar un cuchillo y coser 
6.   Primeros auxilios y abrigo 
7.   Defensa personal, seguridad y  animales peligrosos
8.   Orientación y señalización
9.   Como evaluar el clima y planificar una jornada de marcha
10. Conceptos básicos sobre cultivo y conservación de semillas
11. Domesticación y cría de animales útiles
12. Equitación 
13. Náutica
14. Nudos y empleo de Herramientas mecánicas
15. Como identificar alimentos naturales
16. Cómo pescar
17. Cómo cazar
18. Como pedir ayuda, planificar una tarea y tomar decisiones en grupo
19. Bitácora personal y colección de objetos
20. Cómo cuidar e instruir a los más pequeños


Fuente: http://aprendizajenatural.net/content/la-educaci%C3%B3n-que-viene-una-lecci%C3%B3n-de-elemental-supervivencia

viernes, 5 de junio de 2015

SOBREVIVIENDO AL INMINENTE COLAPSO



Doce puntos para un cambio profundo

Título Original: Survive the Coming Collapse. Peter Goodchild*
Traducción: Arturo Avellaneda - PERMAHABITANTE


La civilización industrial moderna está fundada en el uso de combustibles fósiles; hemos estado quemando cerca de 30 mil millones de barriles de petróleo cada año. Los combustibles fósiles impulsan fábricas, el transporte, la agricultura, la minería y el consumo de electricidad.


La cuestión será entonces el "pico del petróleo": la crisis de sus existencias mundiales, que por ahora son ocacionalmente menguantes y que tras transcurrir por un prolongado período de estabilidad, pronto declinarán de manera vigorosa y acentuada. La producción mundial se verá reducida a la mitad de su máximo histórico cerca del año 2030. De hecho, la producción de petróleo por habitante (a diferencia de la producción de petróleo en un sentido absoluto) ya disminuyó de 5,5 barriles por año en 1979 a 4,3 barriles en 2013.

Todos los combustibles fósiles están declinando, y los metales también se vuelven escasos. La disponibilidad de energía eléctrica decrecerá en todo el mundo, ya que se produce mayoritariamente con combustibles fósiles. Estos tres insumos: Los combustibles fósiles, metales y electricidad; están fuertemente interconectados: Si faltara uno de los tres, a continuación, lo mismo ocurriría con los otros dos.

Las fuentes de energía alternativas, nunca van a ser de mucha ayuda para resolver la inminente crisis por varias razones, pero principalmente debido a un problema de "energía neta"(Por TRE Tasa de Retorno Energético): La cantidad a obtener durante el proceso de producción, no es suficientemente mayor que la cantidad de energía consumida en dicho proceso. Las fuentes alternativas simplemente no tienen suficiente impacto para superar 30 mil millones de barriles anuales de petróleo, o incluso una pequeña fracción de esa cantidad.

"El pico del petróleo", se traducirá necesariamente en una menguante matriz agro alimentaria. Sin la mecanización, riego y fertilizantes sintéticos, los rendimientos de los cultivos declinarán considerablemente provocando a su vez un “Pico de los alimentos”.

Las siguientes sugerencias podrán variar en su aplicabilidad con el transcurrir de los años, pero la mayoría de ellas van a seguir siendo relevantes durante el transcurso del presente siglo. El ligero sesgo hacia los Estados Unidos y Canadá se debe al hecho de que estos territorios albergan hoy la mayor parte de los criterios para un hábitat post-petróleo acertados.

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1. La preparación para un mundo post-petróleo, es esencialmente para un mundo post-casi-todo. Su prevención es muy diferente a la de aquellos recaudos a tomar para las situaciones de emergencia usuales de corto plazo que contienen la mayoría de los manuales de supervivencia. El futuro no consistirá simplemente en "abastecerse", esperando encerrado a ser rescatado por parte de "las autoridades". De hecho, deberíamos dejar de pensar en una "emergencia", dado que esta vendría a ser del mismo tipo de emergencia que nuestros antepasados ​​habrían vivido durante los últimos millones de años.

2. El mundo ahora tiene una densidad promedio superior a 100 habitantes por cada milla cuadrada de superficie. En las sociedades de pastoreo, cazadoras y recolectoras, en cambio el promedio es inferior a 0,1 habitantes por cada milla cuadrada. Nuestra descendencia estará viviendo más cerca de un modelo de supervivencia basado en el "pastoreo" que en otro de tipo "industrial", lo que indica que sería lo mejor para ellos, radicarse en algún lugar medianamente despoblado.

3. Los que viven en las zonas rurales estarán mejor preparados que los que viven en una ciudad. Una ciudad es un lugar que consume mucho y produce poco, al menos en cuanto a lo esencial. Una ciudad sin un flujo de comida o agua constante, se derrumba rápidamente, mientras que una pequeña comunidad sólidamente ligada al entorno natural puede adaptarse más fácilmente a los problemas tecnológicos y económicos que se avecinan.

4. Es preciso aprender a producir comida de forma autónoma. Sólo el 10 por ciento de la tierra del mundo es apta para el cultivo, y casi la totalidad de ella ya se está utilizando con intensidad, erosionando y fatigando el suelo que la soporta. En un sentido opuesto, la población se ha venido concentrando en zonas urbanas, a tal punto que en los últimos años, muchas zonas rurales tienen una buena cantidad de parcelas cultivables ociosas.

5.
No importa cuántos libros hayan leído, toma años pasar de la huerta, a una agricultura de gran escala con que sustentar una familia de un invierno al otro con solvencia. Aprender a criar animales toma más tiempo. Un inconveniente adicional posible es que la vida silvestre apenas cubra una utilidad muy marginal de aprovechamiento.

6. El buen suelo requiere poseer humus (materia orgánica, tal vez de compost o de estiércol animal), y también las cantidades adecuadas de cerca de 16 elementos, especialmente nitrógeno, fósforo, y potasio de origen natural o de otro tipo. El humus por sí sólo, hará muy poco para compensar los elementos que le falten. (Desconfía de "cultivar un huerto orgánico", gran parte de ello es poco menos que folclore). No hay manera práctica de convertir la arena, las rocas, o un pantano en un jardín lo suficientemente grande como para sustentar a una familia. Si el plan es ver prosperar cualquier cosa, hay que tener la certeza de contar con buena tierra.

7.
Es posible sobrevivir principalmente a base de plantas de cultivo, pero al menos se necesita prever una superficie de media hectárea por habitante, debido a que las plantaciones demandan de cierta extensión para captar suficiente agua de lluvia. (El huerto "Intensivo" es posible sólo con un sistema de riego motorizado para suministrar suficiente agua.) Cultivos útiles serían aquellos ricos en hidratos de carbono y proteínas. Menos útiles serían aquellos susceptibles a enfermedades, insectos, malezas, o vulnerables al clima.

8.
Cuando la agricultura no alcanza, se puede que recurrir a los rodeos de los animales de cría o pastura, o como los cazadores recolectores, especialmente en las zonas de muy baja densidad de población humana. Por lo general es imposible vivir exclusivamente de frutos silvestres (en la mayor parte de la región superior de América del Norte, las frutas silvestres son el único alimento serio al que valdría la pena prestarle atención), por lo que sería indispensable cazar y atrapar pescado.

9. Un arma de fuego sería de utilidad mientras se disponga de recarga de munición. No hay tal cosa como un arma perfecta, así que tienes que tomar sus propias decisiones. Un rifle cal. 22 sería practico y ligero, incluso animales grandes pueden ser abatidos con un arma de este tipo si se impacta en áreas vitales. Una escopeta calibre 12 dispone de una generosa variedad de cartuchos y municiones, pero es sólo efectiva a distancias cortas. Probablemente la mayoría de la gente haría bien en proveerse de un fusil cal. 308 ó 270; de cerrojo o palanca, incluso más confiables que a repetición o automático.

10. Un posible problema con la caza mayor en tiempos de colapso, es que podría haber demasiadas personas intentándolo. Sin embargo, la escasez de combustible va a reducir a su vez, el número de vehículos de los que los cazadores modernos dependen. Además, la mayoría de la gente en la civilización industrial moderna carece de la resistencia física para ir vadeando a través de un pantano durante todo el día, en busca de un alce. Por último, simplemente no hay muchas personas que tengan las habilidades que demandan las cacerías.

11. El combustible para la calefacción hogareña será la madera. En un clima frío, se necesitan de 7 a 36 metros cúbicos* para aprovisionarse durante un invierno entero, dependiendo ello de muchos factores. Un empleo semejante requiere de una nutrida tala y posterior proceso de corte que además sea sostenible; se requieren entonces de entre 14 y 70 hectáreas de bosque nativo (por el bosque vertical de América del Norte) para proporcionar entonces una forma extractiva sostenible de leña que no afecte tampoco a la vida silvestre. Es un considerable esfuerzo obtener leña sin una herramienta motorizada. Ello llevará a reducir el espacio habitable del interior de las viviendas, cerrar habitaciones e incluso tapiar los probables puntos de fuga del calor, como puertas o ventanas secundarias.

12. A excepción de unas pocas personas que tienen el temperamento y las habilidades que se requieren, vivir en soledad no es muy factible. El "Número de Dunbar". Cupo adaptativo humano complejo; es de unos 150 individuos, pero en realidad una verdadera tribu toma generaciones en ser formada, por lo que un grupo formado rápidamente podría llegar a ser mucho más pequeño que eso. En todo caso sería el clan familiar aquel que funcionara eventualmente como la unidad básica de cualquier composición social futura.

Grupos del tamaño de un pueblo son viables porque todo el mundo conoce a todo el mundo de siempre, aunque sin dudas, serán las comunidades más pequeñas, las que poseerán las mejores chances de mantenerse cohesionadas y en con un consenso razonable.

Peter Goodchild



*Autor de Tumbling Tide: Población, Petróleo y sistémica Collapse

(London, Ontario: Insomniac Press, 2014)

* 1 Cord: 3.625 Metros cúbicos